La reforma laboral aprobada es la prueba de que la ‘modernización’ se paga con la vianda del trabajador. Entre bancos de horas y jubilaciones que financian despidos, la brecha entre el discurso internacional y la realidad legislativa nunca fue tan grande
Mientras el mundo celebra el Día de la Justicia Social, la nueva reforma laboral en Argentina redefine el menú: vacaciones fraccionadas, indemnizaciones en cuotas y un ‘banco de horas’ que devora el tiempo familiar. No es modernización si el costo de la eficiencia lo cubre el plato del laburante.
Reducir licencias, licuar jubilaciones y precarizar repartidores: el contraste perfecto entre lo que se dice en la ONU y lo que se vota en el Congreso.
«La verdadera justicia social no se mide por los tratados que se firman, sino por la seguridad que el trabajador siente al llegar a su casa. Hoy, esa seguridad volvió a ser un artículo eliminado.»
Mientras los burócratas se llenan la boca con el ‘Día Mundial de la Justicia Social’ entre copas de cristal, en el Congreso se cocina el saqueo al laburante. No es ‘modernización’, es un retroceso al siglo XIX: nos roban el descanso con el banco de horas, nos pagan los despidos en cómodas cuotas y meten la mano en la caja de los jubilados para financiar a las patronales.
«No llamen ‘Justicia Social’ a la fiesta de unos pocos mientras le recortan la vianda al que produce. El 20 de febrero es un insulto si el 1 de marzo empieza el desguace del trabajo argentino.»


